Pulsión de muerte

5 Mar

Al parecer, dentro de la teoría Freudiana existen dos pulsiones que se contraponen dentro de nosotros: la pulsión de vida y la pulsión de muerte. No soy psicóloga, ni pretendo serlo. Pero en mi propia terapia he logrado detectar que por un buen rato en mi vida, la pulsión de muerte fue tomando fuerza dentro de mi. Curiosamente la pulsión de muerte no tiene que ver directamente con la muerte. Es decir, la pulsión de muerte en mi no me hacía tener ganas de morir. Para nada. Más bien, lo que hacía era reducirme a un pequeño bulto, un dócil barco que se movía con el vaivén de los estímulos externos en mi vida. Recuerdo que en el momento más grave de mi depresión lo único que sentía era eso, que yo era un barco que navegaba a la deriva sin dirección alguna.  Que yo no lograba tomar el timón. Que no quería tomarlo. En mi pulsión de muerte yo quería reducir mis conflictos, eliminarlos. Y en ese intento de minimizar conflictos me borré.  Yo hacía lo que los demás esperaban de mi. Bueno, lo que yo pensaba que los demás esperaban de mi, porque la mayor parte del tiempo ni preguntaba explícitamente lo que querían. Simplemente trataba de adivinar y prever lo que los demás querían. Yo no pedía nada para mi. Es más, yo no tenía idea de que quería.  Sabía que debía querer algo, pero no lograba ni frasear la pregunta adecuada que me arrojara alguna pista de mi propio deseo.

Recuerdo que en alguna ocasión, la terapeuta a la que acudía en ese momento me dijo “no escucho tu voz, súbele un poco al volumen de tu voz”. Esa noche llegué a casa, y cuando estaban dormidos mis hijos y mi esposo, la casa en calma total, me recosté en la cama y me dije a mi misma “Voz, ven a mi”. Me quedé quieta bajo las cobijas. Escuchaba el murmullo de los coches a lo lejos, el ocasional rechinido del mueble de madera de la tele. Pero de mi voz, nada. Intentaba concentrarme. Estaba atenta. No sé qué esperaba. Supongo que quería escuchar una idea clara. Aunque sea una. Alguna dirección. Una parte de mí que me hablara, me regañara por haberla callado tanto tiempo y que, cuál GPS, me indicara el camino de regreso a mí misma. Por supuesto que no paso NADA. No escuché nada y seguí igual de confundida que al empezar el ejercicio.   Me sentía igual de perdida y vacía. Poco a poco empecé a entender que difícilmente iba a escuchar una gran VOZ interna. Más bien tenía que escuchar mi deseo en cada pequeña decisión que tomara durante el día. Tenía que considerar qué se me antojaba desayunar a mí en lugar de comerme las sobras de los desayunos de mis hijos sin siquiera pensarlo. Mi voz se haría presente en cada elección. ¿Quería ira a desayunar con un grupo grande de amigas o más bien invitaría a sólo una al café? Es increíble como poco a poco me fui dando cuenta de cómo había dejado de estar presente en todas las decisiones de mi vida. Ya no elegía, ni en cosas pequeñas como ¿qué películas ver o  qué música escuchar? Ni en las cosas importantes ¿Quería continuar con el trabajo que tenía? ¿Cómo educaría a mis hijos? O ¿qué tipo de relación de pareja construiría?

El camino a ir de la pulsión de muerte a la pulsión de vida no ha sido fácil. Muchas veces logro entender desde un punto de vista racional lo que hago y lo que quiero hacer, pero me cuesta mucho más trabajo traducir esa visión de mi misma a la acción.  Pero escribir hoy, escribir esto, es parte de ese proceso.

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Por qué escribo…

25 Feb

Tengo 42 años.  Y estoy pasando por una nueva adolescencia. Probablemente adolescencia no es el mejor término para describir lo que me pasa, pero así me siento. Dice Wikipedia que la adolecencia: “es esencialmente una época de cambios. Es la etapa que marca el proceso de transformación …es un período de transición que tiene características peculiares. … Es una etapa de descubrimiento de la propia identidad así como de la de autonomía individual”. Sip. Justo así me siento.  Estoy redescubriendo mis fronteras. Estoy cambiando. Bueno en algunas cosas estoy cambiando y en otras áreas estoy intentando cambiar:

– Quiero hacer más equitativa mi relación de pareja (soy casada) y más pacífica y balanceada mi relación con mis hijos (tengo 3, de 13, 11 y 4). En general busco definir conscientemente un nuevo modelo de familia que me permita educar y disfrutar más de mi familia.

-Estoy encontrando la manera de llevar una relación benéfica con mi cuerpo; quiero bajar de peso y me estoy entrenando para mi primer sprint (1/2 triatlón).

– Suelo sobre preocuparme por satisfacer a todos los otros en mi vida. Quiero darme prioridad a mi y a la gente que quiero (tengo unas amigas y una familia maravillosas) y a dedicar más tiempo a las actividades que me gustan (cómo escribir este blog). Me encantaría aprender a decir que no a todo lo demás.

-En resumen quiero estar presente en mi propia vida, y me he agarrado de cuantas herramientas puedo para lograrlo (voy a terapia freudiana, estoy en un proceso corto y estratégico de hipnoterapia, y me estoy devorando un libro sobre hábitos).

Este blog es una manera de estar en contacto conmigo misma. Una manera de ir procesando y descubriendo maneras de seguir creciendo. Aunque duela.

Cualquier comentario es bienvenido.